San Patricio bien merece un vistazo a Dublín


Día grande, el que hoy se vive en la capital irlandesa, Dublín, con motivo de la festividad de su patrón. Me encanta esta ciudad, porque, fiestas populares aparte, sus calles más céntricas son un alegato continuado de amistad y "buen rollo", que se deja sentir, sea cual sea la época del año. Si nuestra visita coincide con el 17 de marzo, San Patricio, mejor que mejor.
El verde se apodera de Dublín en días como el de hoy
Día de San Patricio
Una fiesta internacionalmente conocida, que se traslada de una forma espectacular a otros puntos del planeta con vinculación directa del pueblo irlandés. ¿Os suena Nueva York? Pues sí. Allí esta fiesta es todo un emblema y hoy, la gran manzana vivirá de nuevo el desfile más multitudinario de todo el año. Algo que además se vive intensamente este 2011, en el que se cumplen 250 años de su celebración.


Y es que los irlandeses de todo el mundo celebran hoy el día de su patrón: un fiel recuerdo al misionero al que deben la inexistencia de serpiente alguna en la isla británica. Como dice hoy Patricia Ortega en El País, "Todo en honor a San Patricio, el patrón de Irlanda, que no probó la cerveza Guinness en toda su milagrosa vida". Los irlandeses lo celebran por él, con el líquido en cuestión como principal protagonista.

La ciudad
Dublín es una capital viva, que personalmente, me sorprendió cuando la visité. Una vez más, jornadas laborales entremezcladas con raciones de turismo, que consideré debían llevarme a combinar paseos por el entorno de su catedral, la ribera de su río Liffey, y la visita obligada a los locales que confirman las bondades anteriormente citadas: ambiente espectacular, ganas de pasarlo bien, educación y simpatía a partes iguales... todo en los míticos pubs de Fleet Street. Ahí, The Temple Bar es el emblema.


Quien no visite The Temple Bar, no habrá estado en el verdadero Dublín

Música en vivo, tradición y cerveza, mucha y variada. La empresa cervecera denominada de St. Jame's Gate Brewery, la popular Guinness, es la estrella, pero destacan en la amplia carta otras como la Kilkenny Irish Beer o la Murphy's Irish Red. quien pase por los bares de la mítica dublín no debe perder esa oportunidad de conocer nuevos sabores, con una bebida que algunos irlandeses consideran "un alimento en sí". ¿Quién quiere comer, pudiendo beber?

Por lo demás, el viajero no debe perder la ocasión de pasear por sus amplias calles comerciales, en su mayor parte peatonales, que dan vida al centro y un toque diferente al de cualquier otro punto de Reino Unido. "Irlanda is different". A lo largo de ese paseo, es fácil que el visitante termine topando con la estatua de una hermosa vendedora de mejillones y berberechos frescos, Molly Malone, que falleció a causa de altas fiebres, y que se consolidó como personaje oficial de la ciudad, con himno incluido. Las malas lenguas dicen que, por las noches, su fantasma continua empujando el carro que porta, al grito de: “Cockles and mussels, alive alive oh”.

Molly Malone es un mito en Dublín

Además, destaca en Dublín, tras cruzar el río desde el centro, la amplia O'Connell street, donde encontramos el obelisco más alto de Europa, que rinde tributo al Duque de Wellington, dublinés de nacimiento, a partir de sus 63 metros de altura.


En resumen, una ciudad pequeña, que se puede conocer en un par de días, pero con un encanto singular que bien merece un salto a la isla irlandesa. A mí, personalmente, me ganó para la causa.


La catedral de Dublín, una construcción rodeada del clásico verde irlandés, a través de la naturaleza de sus parques


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