Berlín: sobriedad y belleza


Nadie debería perder su oportunidad de viajar. Es una forma de conocer nuevos rincones y hacer de nuestro paso por la tierra un verdadero recorrido, y no un razonamiento estático en el mismo sitio. Un buen lugar para perderse durante unos días es Berlín, de la que hoy hablo.Tras un recorrido motivado por mi trabajo, tengo la posibilidad de referirme a la capital alemana, que sin duda, marca un antes y supone un puñado de sentimientos sobre nuestra mente, si contamos con la posibilidad de pisar sus calles y andurrear por donde sólo hace unos años, los humanos demostraron su inhumanidad.


Sentimientos de caminante
Es lo que más me ha marcado de Berlín, la primera de las ciudades que he tenido la posibilidad a lo largo de esta semana que ahora acaba. Una capital que aún rezuma un ambiente en el que la existencia de un muro de vergüenzas provocó una absurda situación en la que un pueblo se onvirtió, a la fuerza, en dos. La parte Oriental y la Occidental hacen hoy en día una ciudad unificada, robusta cual motor alemán, con un peso histórico que se deja ver en sus emblemáticos Puerta de Brademburgo o la Catedral, y con una vitalidad no tan notable como otras capitales que he podido visitar, pero igualmente reseñable y digno de ver.

La ruta
Incluso en un viaje por motivos laborales, da tiempo a conocer rincones. Reconozco que mi cuerpo ha acabado agotado tras cinco días de ruta, pero me enorgullece haber visto casi todo lo que un turista no debe perderse en Berlín. Ejemplos, en la ya mencionada Puerta de Brademburgo, el escalofriante CheckPoint Charlie o el cruce de caminos de Postdammer Platz. Ojo porque, a mi parecer, no se trata de lo más bonito que jamás veréis, y tal vez en lugares como el CheckPoint se eche en falta algo más de caché monumental, pero no es sitio para ello y se le perdona.
La Puerta de Brademburgo se muestra espléndida de día y de noche
Para eso, ya están Brademburgo, la catedral junto a la isla de los museos o el Reichstag. En ese Checkpoint, sin embargo, nos hiela la sensación de saber que pisamos un lugar cuyo cruce no era permitido a cualquiera. Norte o Sur, ahora da igual, algo que hace sólo 25 años era impensable. Si paseas por Berlín tampoco dejes de ver el fantástico ambiente de su comercial Kurfurstrasse, que nos llevará por un recorrido moderno, con escaparates que toman las aceras y que pone una de sus paradas obligatorias en la conocida como "iglesia rota", la "iglesia del recuerdo" o, simplemente, tal como reza su nombre, la Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche.

Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche, o el ejemplo de la destrucción de la guerra
Se trata de un lugar en el que nos invade una sensación bélica que debió pasar por la cabeza de cualquier berlinés que pasara por allí en tiempos de la segunda guerra mundial y que tuviera la suerte de sobrevivir a la misma. Los efectos de la tormenta guerrillera se dejan notar a día de hoy. Una construcción que debió ser magnífica y de la que sólo queda una de sus torres, ni siquiera completa, debido a la destrucción de la guerra, que dejó en un solar una zona que en tiempos modernos vuelve a renacer.

A tu paso por Alemania, no pierdas la oportunidad de comer un buen plato de salchichas
Marca pasear por Berlín y, pese a que sólo conté con unas horas para conocerla, me sobró tiempo para darme cuenta de que la sobriedad de sus calles, el mazazo de su historia y su mezcla de culturas, que ahora se degusta en platos típicos como el Currywurst, le convierte en una ciudad que termina marcando al visitante.

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